Ayer en Prensa Libre Marielos Monzón (Centro de Estudios de Guatemala (CEG)) publicó una columna muy importante:
Estado capturado (II)Nos enfrentamos a poderes paralelos bien estructurados.
Por: Marielos Monzón
Mientras en el período de gobierno de Alfonso Portillo (FRG) los homicidios sumaron 14 mil 250, según datos de la PNC, en lo que va del gobierno de Óscar Berger la cifra alcanza los 15 mil 700.
De acuerdo con la misma fuente, entre los años 2001 y 2003 fueron asesinadas mil 34 mujeres; mientras que entre 2004 y 2006 el número alcanzó las mil 643. Lo mismo ocurrió con los ataques a defensores de derechos humanos, que aumentaron de 127 en el último año de gobierno de Portillo a 278 el año pasado con la presente administración. Por si fuera poco, la organización Casa Alianza reportó en 2006 el asesinato de casi 600 niños, niñas y adolescentes; la mayoría en situación de calle.
La otra cara de la moneda muestra cómo las autoridades de ambos gobiernos en lugar de fortalecer una política de investigación criminal la han debilitado. En el año 2001 había designados 742 investigadores criminales, en 2003 el número disminuyó a 637, en 2004 bajó a 588 y fue hasta junio de 2006 cuando subió a 600. Un dato que no es menor es el número de investigadores designados a las muertes de mujeres, que apenas alcanza los 16.
Lo anterior podría explicarse a partir de la tesis de la captura del Estado y sus instituciones. Es evidente que los cuerpos paralelos siguieron funcionando aún en la democracia; desde el gobierno de Vinicio Cerezo han utilizado la estructura gubernamental para cometer sus fechorías y a la vez practicar la “limpieza social”.
La diferencia entre todos estos períodos de gobierno radica en quién hegemoniza y controla las estructuras. De acuerdo con el carácter de la organización y su círculo de influencia, disminuyen algunas prácticas y delitos, y aumentan otros.
A lo largo de cada período, estas mafias dejan sentir su presencia; sin embargo, cuando un gobierno está por terminar, dan un golpe final y fulminante que deja literalmente “sin aire” a la administración y garantiza un relevo en el poder de la estructura clandestina que hegemonizará los próximos cuatro años. Berger tiene la masacre de los diputados salvadoreños, Arzú el asesinato de monseñor Gerardi y Cerezo la ejecución extrajudicial de Myrna Mack.
La firma de la paz garantizó el fin del enfrentamiento armado, pero no fue suficiente para desmantelar las estructuras paralelas y los cuerpos ilegales; tarea que resulta absolutamente imprescindible si es que en realidad queremos terminar con esta espiral de violencia e impunidad que nos ahoga.